Wednesday, February 3, 2010

El adulterio de las flores


El mar no es un obstáculo para la voz. Numerosas cajas de concreto ofrecen un hilo por el cual susurrar nudos de estática, que se hunden avergonzados al estallar una carcajada. Hay blocks, maestros constructores y también un servidor perdido en la aldea, que asiste culpable a la adulación del papel y al mito de la palabra. Más que un cuento, es la biopsia de un concepto muy banal.

Hay un dicho popular sobre el meollo del asunto: algo relacionado con el nacimiento de una cabra y protuberancias que se asoman sonrientes en las cabezas de algunos desdichados. Considero una falta de respeto estas relaciones consensuales atípicas, y ya podrán lógicamente imaginar que asco tan palpable llego a sentir cuando camino entre el polvo y los polvos, observando ese circo de perros que consideran normal olerse frenéticamente las espaldas, sudando sus bocas sobre los hombros de sus hermanos, dándole un aspecto sombrío al caos de sus rostros contritos.

En la mansión el daltonismo hace lo que quiere y encima de ello pide una remuneración económica por sus fechorías; arrastra callado los alambres, los lleva a las habitaciones y habla casi en soplidos para ocultar sus actos deshonrosos. Querer para no dar e invocar riachuelos para despistar a su propia prole: ese es el adulterio de las flores. Mientras tanto los jodíos lloran desconsolados los dolores de una moral que para las rosas no existe y que los italianos desconocen no gracias a la inocencia.

Llegará más lejos todo el teatro, hasta eventualmente descubrir que el hombre que sobra también toca merengue en una orquesta típica, y que cuando el lado derecho de la cama guinde los tenis también arrojará su música por toda la casa y en cada rincón de su cuerpo sin vida.

Wednesday, January 27, 2010

Teorema del periodista muerto

Chang Hun Li es un hombre solo que se sueña llorando debajo de una maquina de escribir, donde las teclas martillan una melodía de alfabetos y arroyos, en los que su linea de pensamientos asiáticos se sacude entre los terremotos del saber literario. El pequeño individuo no hace más que preguntarse sobre el final de la guerra, que si los lobos blancos algún día dejarán de pretender que aún es octubre y que sus armas están bajo absurdos hechizos florales, que continúan disparando pistilos a los corazones de los soldados y que abejas zumbando silencio vendrán a polinizar la vida o cagar desesperación en los pechos de la batalla.

Mientras tanto la linea blanca que recorre el caco de Chang es más o menos leída de la siguiente manera:

En la guerra las golondrinas dejan de hablar.
Los pétalos del acero no son hermosos, ni mucho menos artefactos dignos de reverencia.
En lo que la vida dura, los muertos comen pan.
No hay por donde escapar y aún así no sabemos en que lugar buscar las especias para el té.
Qué más ha hecho el hombre aparte de rogar por la desaparición de los recuerdos y no amar al prójimo?
Cuando volveré a Shangai?

Sólo el lector, el creador de la imberbe percusión de teclas sabrá el resultado del final, si es que el teorema tiene alguna solución al acabarse, quizás sólo sabe enrollarse sobre la mente y atisbar las ideas del hombre.

El diminuto ser amarillo despierta repentinamente y se golpea la cabeza con la mesa. Sólo allí, entre la sangre, los mocos y las lagañas felices, finalmente comprende.

Monday, January 25, 2010

Bailar


Si quieres bailar
hay un procedimiento sencillo
que dentro de posibilidades frenéticas
consiste en ponerte de puntillas y dar pequeños saltos
mover los brazos por todas partes
para olvidar el splat splat
de esa onomatopeya humana que se escurre en el pavimento
donde la sangre de los que no siguen correctamente las instrucciones
se ha depositado como un charco de despedidas
quizás como vino caro
que pide imperante tus movimientos ridículos
y ansía la caída de los otros infelices
que hacen filas
esperando las esperanzas
de un turno con mucha más suerte que el tuyo.

Sunday, January 24, 2010

Los contornos naranjas


La víbora regresó de uno de los tantos nortes en los que habita y se apareció en mi hogar, dicho sea de paso desnuda, como una sombra de corazón podrido. Priva de cualquier piel esperaba en el umbral de mi habitación (lugar donde el sueño descansa de mí), ansiando arrepentida el calor de mis genitales. No sé que querrá de estas reliquias pintadas, lo que busca tan afanada en el peso y el agrio de la infección prima.

Pero como siempre, cedo a la traición de la monogamia y los gustos adquiridos, mientras que su maldad de ojos vacíos contonea lo que queda de mí en posiciones que nunca, en estas historias de amalgamas frívolas, se hicieron para caminar.

Recordé inmediatamente el llamado de los números doce, que suena más o menos con un mudo “What is the point of laying in a comfortable position if you can't fall asleep in it?”, mientras ella, constrictora de meses pares, me destrozaba la espalda. Menol, pero ute si e' puelca un rato: eso no se hace así.

Friday, January 15, 2010

Sobre el mito de la creación

- Dedicado a la hija de un satélite. Una presencia que me empujó a moldear ideas, que a falta de motivación, hubieran quedado donde siempre las dejo; en las paredes de una habitación hedionda y en clusteres mentales averiados.


Resulta que la serpiente fue quién creó a la mujer. Se dice que el hombre, afligido por la soledad, le pidió a la víbora ser su compañera. Siendo las limitaciones anatómicas un problema, la serpiente le dijo al bípedo que si este accedía a quitarle las piernas, ella le fabricaría una amante. Entonces, al aceptar el trato, el reptil le quitó la mitad del corazón al hombre y le cavó un agujero. De la mitad del gran musculo se pudieron hacer muchas cosas, y así se creo la mujer; un caos de curvas y contornos inverosímiles. Pero, viendo su trabajo tan perfecto, la serpiente le arrancó una parte del hígado y se la brindó al hombre, ya que con medio corazón y tanta belleza que amar, se necesita mucho alcohol.


La serpiente no es Dios, no nos perdamos en silogismos. El hombre la creó cuando todo era diferente: dio forma a una bestia sin corazón, para que hiciera el trabajo que un ser con demasiado que dar no podría hacer. El hombre, en toda su benevolencia del principio de los tiempos, jamás habría concebido una idea tan destructiva como la mujer. El sexo femenino es un huracán de cosas buenas, pero sigue siendo un huracán.

Los dos sexos ahora frente a frente intentaron afinarse, unir sus corazones. El problema es que aunque los dos encajen, el agujero del hombre no se puede llenar. La mujer, descontenta por la ausencia de una supuesta conexión y el hecho de que no puede beber a falta de un hígado funcional, ruge como diez vientos.

Este fue el trabajo de una serpiente, una obra que la ha catapultado hacía la infamia. Pero esta incomprendida entidad no es mala por naturaleza: es sólo rastrera y sólo víbora. Que se puede decir de un ser que deseó el toque calloso de la tierra, en vez de la igualdad que se consigue en las alturas? Después de todo, es su rol administrar las cosas que nadie quiere, y lo hará durante las eternidades que le siguen a la pluralidad, hasta que el hombre deje de admirar la imperfección con el fervor inhumano que, siglo tras siglo, se alberga en un corazón agujereado.

Thursday, December 31, 2009

Organtia, The Benevolent Daughter

Deseo que en los futuros sigas siendo la misma de antes.
No cambies hasta que se te abulte el estomago
y las pequeñas gargantas canten.
Y si decides transformarte
antes de que tu sexo comience a marchitar, mátame.
Destruyeme y continúa siendo la misma
que las viejas mañas nunca mueren delante de cadáveres gigantescos.

Monday, December 14, 2009

Para montañas, una vez


Una vez me contaron una historia de una ciudad de arena, que cada 29 días se derrumbaba sobre sí misma. Entonces un hombre diminuto se aparecía montando un caballo demasiado delgado, miraba serio las ruinas y procedía a reconstruir de ellas la ciudad, todo esto en aproximadamente tres ocasos. Al final, el hombrecillo sonreía satisfecho de su trabajo, al ver las majestuosas y frágiles estructuras erguidas nuevamente ante los soles que la iluminaban. Se marchaba feliz, a sabiendas de que el próximo mes regresaría a aquel lugar a enfrentarse con la furia del cielo y ardor del camino.

Creí el cuento estúpido. Aun creo que lo es. Pero ahora me encuentro a las puertas de una playa que solía ser una mina de rascacielos y palacios e intento reconstruirla, pero sospecho que si nadie lo ha hecho, es porque consigue ser una meta inalcanzable. Y me siento estúpido, más que nunca.

La idiotez de todo esto sobrepasa la razón, pero pensé compartir con los demás un cuento. Y cual mejor que el de la ciudad de arena por la que un arcángel y la mitad de un pintor muere.